Pequeña historia

Se conocieron en un bar de otoño, de ésos que empiezan siendo un café en la terraza y acaban convertidos en un par de cervezas y un plato de bravas en la última mesa del salón interior. Ella dijo que quería ser escritora. Él dijo: «A mí la verdad es que no me interesa la ficción». Ella contestó que lo que no le interesaba demasiado era la realidad.

Tres semanas y dos polvos después él le dijo que su verdadero nombre era Andrés y no Paco, y que no trabajaba como bibliotecario sino que era ingeniero de telecomunicaciones. Ella le pidió que no volviera a llamarla y cambió su número en la empresa de telefonía.

Cuando le llegó su turno después de esperar durante quince minutos, miró a la chica que fue a atenderla y le dijo: «Deme un número que no exista».