Sobre internet y los medios de comunicación tradicionales

Publicado el 6/11/2007

Cada vez que en cualquier medio de comunicación tradicional (entendiendo por ellos periódicos, radio y televisión) oigo hablar de internet, blogs o cualquier cosa relacionada con ellos, tengo la sensación de que no tienen ni idea de lo que están diciendo. Llevo varios meses dándole vueltas a ese tema, y el discurso de Juan Luis Cebrián en la Real Academia de ayer me llevó a las mismas conclusiones.

No he leído las reacciones al discurso a las que aluden en Libro de Notas, aunque una búsqueda en Google me sirvió para encontrar algunas reacciones más bien positivas. La mía no lo es, como creo que tampoco la de Daniel Basteiro ni la de los que comentaron en la entrada de su blog, que enlazo.

He leído el discurso completo y al principio pensaba que había más cosas con las que no estaba de acuerdo que cosas con las que sí. Pero, después de ordenar mis ideas, he acabado llegando a la conclusión de que no se trata sólo de estar o no estar de acuerdo.

¿Cuál es el fondo aparente del mensaje? ¿La necesidad de incorporar nuevas palabras surgidas con el auge de internet y las nuevas tecnologías al diccionario? Fantástico, no tengo nada que objetar, siempre que la trayectoria de las palabras sea lo suficientemente larga como para poder considerarlas asentadas en la lengua. Pero si lo que debe impulsar a que una palabra nueva se incorpore al diccionario es el uso, entonces atengámonos al uso cuando la incorporemos, y no pongamos cosas como «cederrón».

El problema no es ese mensaje. Podrían serlo quizá otros muchos que se pueden leer en el discurso, en el que lo importante no creo que sea la opinión, sino el desconocimiento. Nos encontramos con una muestra de los consabidos tópicos sobre cómo son las personas que tienen un blog, con una introducción tendenciosa al comenzar a hablar de ellos (esos datos biográficos en los que a Justin Hall y el resto de Wired sólo les falta llevar cuernos y rabo) y también con una confusión evidente sobre aparatos como el iPhone, despachado y minimizado, y con el todas las novedades tecnológicas, como «el último cacharro de moda entre los adolescentes» (esos adolescentes que no tendrán dinero para comprarlo). Supongo que con esta última expresión no estarán muy de acuerdo en Ser digital, el programa de tecnología de la Cadena Ser, que esta semana le otorgó el premio Digital01 al mejor equipo de bolsillo del año.

Aún así, creo que todo esto tampoco es importante si ponemos las cosas en contexto. Lo fundamental es no perder de vista quién está dando el discurso. Se trata de un consejero delegado de Prisa, un emporio de las comunicaciones en el que seguramente estarán empezando a preocuparse por el cachito de pastel que les va a robar internet. Sobre todo teniendo en cuenta que hace unos años demostraron el mismo desconocimiento del que hablo aquí al blindar los contenidos de la web de El País para suscriptores, por ejemplo, y perder así la posibilidad de posicionarse en internet en el momento adecuado. Cuando por fin liberaron las noticias para todos los posibles lectores, ¿cuántos de nosotros, aún abominando de El Mundo en papel, no nos habíamos acostumbrado ya a entrar en su web para leer las noticias? El hombre es animal de costumbres y estoy segura de que perdieron muchos lectores con esa decisión errónea.

Hay especialmente una frase en el discurso que merece una revisión: «El mundo de la comunicación en general, y el de la prensa escrita en particular, mientras continúe siendo analógico, seguirá comportándose como causa y consecuencia a la vez de los sistemas de representación política.» Creo que todo el meollo de la cuestión se puede resumir aquí.

  1. El mundo de la comunicación, incluso el de la prensa escrita, ya no es exclusivamente analógico. Ni siquiera para las generaciones de mayores de 30 y de 40 años, a pesar de que muchos sigan pensando que internet es cosa de adolescentes. Éste es un error fundamental que cometen los medios tradicionales en su planteamiento.

  2. La segunda parte de la frase, en la que se habla de causa y consecuencia de los sistemas de representación política, tiene mucha miga, sobre todo teniendo en cuenta que una de las pegas que muchos lectores le ponemos a los medios es la supeditación a un determinado partido político, cosa que sucede con todos los de este país. Sin embargo, en el caso concreto de Prisa, hay una nueva vuelta de tuerca en la que, por motivos económicos, se llega a la paradoja de atacar al partido al que se le había otorgado una fidelidad de años. En este caso, además, es el partido del Gobierno. Confusión inicial entre los lectores hasta que el motivo, la famosa guerra del fútbol, se hace evidente y corre de boca en boca o de blog en blog. En un último tirabuzón y caída libre, se renueva la imagen de El País, buque insignia de Prisa, y se aprovecha para hacer un lavadito de cara ideológico, primero con un editorial vergonzoso sobre el Che del que se desmarcó incluso la redacción del periódico, y luego con una reescritura de su historia como «diario de centro» que ya es el colmo de la desfachatez.

Es muy triste ver como un periódico que ha sido un referente para media España durante años intenta borrar todo lo que ha significado, pero ése no es el tema hoy.

Sigue diciendo el señor Cebrián: «La ausencia de jerarquías y la confusión pertenecen también a la nueva cultura digital, cuyo caos frecuente desafía el perfil piramidal de nuestras sociedades.» El caos y la confusión, señores. Cosa que yo nunca experimento al navegar por internet, quizá porque sé perfectamente qué quiero y adónde voy. El desconocimiento fomenta el pánico.

Sin embargo, lo que yo leo en esta frase es: internet permite que cualquier mindundi hable de cualquier tema y empiece a quitarnos importancia al resto de los medios. Cosa que ya está pasando, y ellos lo saben.

Si yo quiero enterarme de algo que me interesa sé muy bien qué páginas web tengo que visitar, y lo mismo que a mí le pasa a mucha gente, pero sobre todo, le pasa a todas las generaciones más jóvenes que la mía, que son los que dentro de quince años no compraran periódicos. Internet es el principal problema de los periódicos tradicionales en lo que respecta a los menores de 30 años y su salvación, en mi opinión, está en conservar su prestigio a base de artículos de opinión con fundamento y muchísimo rigor y profundidad en todos los demás artículos y noticias. Sin embargo, no lo hacen, tan ocupados como están en no perder dinero. Ése es el meollo de la cuestión.

En el mismo discurso se destapa esta preocupación: «Los frutos tempranos de la información conversacional no son todavía muy jugosos, pero ya han tenido ocasión de transmitir un sabor amargo. El mes de mayo pasado (p.ej.) las acciones de Apple cayeron en picado en bolsa cuando el blog Engadget anunció un retraso en el lanzamiento del último cacharro de moda entre los adolescentes: el I-phone». Supongo que al decir que los frutos de la información conversacional no son jugosos se referirá a los frutos económicos para las empresas, claro, porque si hablamos de enriquecimiento personal, social y laboral gracias al espíritu colaborativo de la red, creo que son imponderables. Pero no, porque he aquí lo que preocupa de internet: las acciones y las ventas.

Así es como se empieza un discurso proponiendo que la palabra blog se añada al diccionario en unos años y se acaba intercalando toda una serie de despropósitos por el camino, cuando al final, lo único que realmente importa son las ventas que van a perder o que han perdido ya.

Lo dije el otro día y lo repito hoy: internet es la herramienta perfecta para librarse de la tiranía del mercado. Del capitalismo y sus tejemanejes. Por eso resulta muy curioso contemplar como se ve internet desde El Mercado, y lo torpes que son sus intentos de desprestigiar la red, en lo que no dejan de ser intentos de desprestigiarnos a todos.

Nota al pie. Muchas de las reacciones que encontré sobre el discurso se refieren últimamente al rifirrafe entre Cebrián y Zapatero a cuenta del nuevo eslogan del PSOE, ése que tiene tantas zetas. A mí la verdad es que es lo que menos me interesa. La campaña me parece espantosa, como me lo pareció en su día la que entronaba la abreviatura ZP, pero la respuesta de Zapatero ante el ataque me pareció perfecta: «siempre preferiré jugar con las palabras a golpear con ellas». Ojalá todos hicieran lo mismo. Por otra parte, durante una milésima de segundo me pregunté si ese ataque vendría dado por la envidia de ver cómo en el PSOE intentan acercarse de alguna forma a los jóvenes, aunque sea usando el humor de una forma un tanto chusca como en esa campaña y en la de ZP, pero creo que bastante efectiva, mientras que ellos siguen dando vueltas y vueltas sin conseguir ni un mínimo de aproximación (quizá porque tampoco se lo han propuesto). Lo que pasa es que deseché la idea enseguida, en cuanto me acordé de que cualquier desavenencia de Prisa con el Gobierno es sólo cosa del fútbol, o más concretamente, de sus millones.