Presentación

La construcción de una carrera literaria es, como la de un edificio, un trabajo de largo recorrido. Requiere de un objetivo, esa primera idea que anida en la mente del escritor y viaja con él durante meses, bajo distintas formas, cada vez más depuradas, como las primeras líneas que se trazan en un folio DIN-A3 y terminan convirtiéndose en un plano estructural. Necesita un departamento de estudios que negocie con los proveedores para conseguir los mejores materiales, igual que un escritor afila con mimo sus lápices, elige el tipo de letra de su procesador de textos o cambia la tinta de su máquina de escribir.

Imprescindible es poner la primera piedra, ese borrador de un relato que un día se da por terminado y se imprime por primera vez. Sobre esa piedra, una vez asentada, se irán colocando una tras otra más, uniéndolas con el cemento de la coherencia, del estilo y de la propia voz, hasta el día en que ese conglomerado toma forma y de él nace un colección bien articulada y llena de sentido como una columna maestra de rectitud incuestionable. Tras la primera columna, con tiempo, con mucho tiempo, con mucho más tiempo aún, y el esfuerzo de un batallón de obreros, se termina por levantar una estructura completa, aún desnuda, pero ya invulnerable a los ataques externos de las obligaciones laborales, el cansancio, la falta de inspiración y el bloqueo creativo. Ese día llega la puesta de bandera y con ella se reafirman la vocación y las ganas de seguir adelante.

De vez en cuando un ladrillo parece defectuoso y hay que desecharlo. En ocasiones, incluso, una idea mal comprendida obliga a quitar toda una pared de azulejos que se había tardado varios días en colocar. Otras veces llueve tanto que la obra se inunda y algunas maderas delicadas se pierden sin remedio, como los manuscritos dejados bajo una ventana abierta en los meses más acuosos del otoño. Un disco duro que se borra, una partida de materiales que nunca llega, son imprevistos con los que un maestro de obra tiene que aprender a lidiar.

Por el momento, esta página, aún en construcción, puede ofrecer poco más que losas, tensores y vigas. Pero llegará el día en que sobre ellos se extienda la última capa de pintura y entonces podremos comprobar si tenían espíritu de barracón o sobre ellos se ha levantado un auténtico palacio.